Supuestos explícitos sobre supuestos ocultos
Todo análisis se construye sobre supuestos. La diferencia entre un análisis honesto y uno deshonesto no es la presencia de supuestos, sino su visibilidad. Escribimos los supuestos en el texto: tasa de descuento, precio de referencia, vida útil estimada, régimen fiscal aplicable.
Si el lector no está de acuerdo con un supuesto, puede recalcular el resultado. Preferimos exponer la fragilidad del análisis a disimularla.
No usamos precisión falsa
Una tasa de descuento al cuarto decimal sobre un activo con vida útil incierta no es rigor; es decoración matemática. Los yacimientos no se comportan con esa precisión, y pretender lo contrario engaña al lector.
Usamos rangos, escenarios múltiples y redondeos razonables. Un retorno estimado entre 8% y 11% con supuestos declarados es más útil que un 9.374% con tres páginas de metodología que oculta la incertidumbre del input principal.
Escenarios pares, no optimistas sueltos
Cada caso incluye al menos un escenario base y un escenario adverso. El optimista es opcional, pero no publicamos uno optimista sin su contraparte pesimista.
La razón es simple: el lector que solo lee el escenario favorable sobreestima el retorno y subestima el riesgo. El escenario adverso no es catastrofismo; es la aplicación del principio de preservación del capital.
Datos públicos y fuentes verificables
Trabajamos con datos públicos y fuentes que el lector puede consultar. No usamos información privilegiada, ni filtraciones, ni datos comprados a terceros sin atribución.
Si un dato proviene de un informe técnico oficial, se cita. Si proviene de un balance público, se referencia. Si es una estimación propia, se marca como tal. Esta restricción nos impide cubrir ciertos casos, pero preferimos ese límite a publicar análisis que nadie puede verificar.